VIDA PERRA (HISTORIA DE HOPE)

hope 14

Hope, abandonada en una cuneta con dos patas rotas y gravemente desnutrida. La asociación Animalames y la clínica Media Lúa buscan una familia para ella.

“Hope” era un cachorro cuando dos jóvenes descubrieron su presencia en una cuneta del municipio gallego de Negreira, situado al oeste de Santiago de Compostela. Tenías dos patas fracturadas y otra maltrecha. Se hallaba gravemente desnutrida y muerta de miedo. Los chicos se compadecieron de ella y la recogieron, acercándose a una clínica veterinaria, pero llamaron a la puerta equivocada. Les dijeron que no se podía hacer nada, sin mostrar ningún interés por ayudarles. Algo desanimados, recurrieron a la asociación Animalames, que asumió su cuidado con la colaboración de la clínica “A Media Lúa”. Alimentada e hidratada, mejoró levemente, pero necesitaba ser operada. Un cirujano realizó la intervención, renunciando a sus honorarios. El posoperatorio fue largo y penoso, pues “Hope” era un cachorro y anhelaba moverse, jugar. Aguantó con docilidad las curas y un largo período de reposo, sin desperdiciar la ocasión de expresar su gratitud con lametones y movimientos de cola. Los primeros paseos fueron difíciles, pues el exterior le producía miedo e inquietud. A pesar de ello, se acostumbró a la correa y hoy espera un hogar. Es tímida y obediente. Le gustan las personas, pero se asusta con facilidad y se refugia entre las piernas. Desgraciadamente, su adopción se complica al ser un pitbull terrier, una raza clasificada como potencialmente peligrosa, lo cual implica la necesidad de obtener una licencia oficial.
La historia de “Hope” es la historia de infinidad de perros, gatos y otros animales de compañía maltratados y abandonados. Aunque la reforma del Código Penal tipificó el maltrato como delito, las penas son ridículas y poco disuasorias. Hace poco, se condenó a un hombre a cuatro meses de prisión por encadenar a un perro a la roca de una playa y dejarlo morir ahogado, aprovechando la subida de la marea. Alegó que carecía de recursos para mantenerlo. No es una excusa convincente y, además, no resta un ápice de crueldad al delito, pues el perro debió contemplar aterrorizado cómo subía el agua. La muerte por ahogamiento es particularmente horrible y angustiosa. En general, no soy partidario de endurecer las penas. La reforma de Código Penal ya ha establecido penas bastantes severas para los crímenes más graves. Creo firmemente en la reinserción. He trabajado como profesor de enseñanzas medias en institutos de la periferia y he conocido muchos casos de chavales que aprendían de sus errores, enderezando su vida. Desgraciadamente, otros continuaban su espiral autodestructiva, pero ese no es un argumento para negar una segunda oportunidad. En el caso de los animales de compañía, sí es urgente agravar las sanciones, pues su bienestar no estará garantizado hasta que los castigos sean verdaderamente ejemplares. Hace poco tiempo, no era infrecuente cruzarse en autovías y autopistas con coches que bordeaban o superaban los doscientos kilómetros por hora. Desde que se establecieron penas privativas de libertad para estas conductas, ha mejorado la seguridad vial, rebajándose notablemente el número de víctimas mortales.
Los maltratadores de animales suelen ser maltratadores de personas. En su infancia, los psicópatas martirizan a toda clase de animales indefensos, insensibilizándose ante las manifestaciones de miedo, dolor y desamparo. De alguna manera, adquieren la experiencia que luego emplearán con sus semejantes. No es una observación, sino un dato empírico reflejado por infinidad de estudios científicos. Los hombres que maltratan a las mujeres muchas veces incrementan el sufrimiento de sus víctimas torturando al perro o al gato de la familia. Me resisto a utilizar la palabra mascota. Desde niño, convivo con perros y gatos. San Francisco de Asís decía que los animales son nuestros “hermanos menores” y pienso que no se equivocaba. Perros y gatos acompañan a millones de personas que encuentra en ellos afecto, compañía, diversión y ternura. Numerosas investigaciones han demostrado que ayudan a superar la ansiedad, el estrés y los sentimientos depresivos. Acariciarlos incrementa nuestros niveles dopamina, el neurotransmisor que –entre otras funciones- regula la motivación, el sueño, el humor, la atención y el aprendizaje. Según Hal Herzog, profesor de psicología en la Universidad de Western Carolina, hay pruebas suficientes para demostrar que la interacción con animales, especialmente perros, provoca cambios bioquímicos en el cerebro, amortiguando la ansiedad y el estrés. Asimismo, ayuda las personas con trastornos mentales, como la depresión, el Alzheimer, la bipolaridad, el autismo o el shock postraumático. Eso sin mencionar que los animales de compañía nos obligan a hacer ejercicio, relacionarnos, mejoran nuestra autoestima y nos exigen una comportamiento responsable, pues requieren educación, atenciones y no deben constituir una molestia para los demás. Los perros no ensucian las calles. Son los humanos que conviven con ellos los que no asumen su deber de cumplir las medidas de higiene establecidas por las ordenanzas municipales.
“Hope” es una pitbull terrier, pero sin una pizca de agresividad. Al revés, se siente intimidada por los humanos. Sus patas no se rompieron por azar. Su extrema desnutrición revela un maltrato prolongado y brutal. Quizás querían adiestrarla para las ilegales e inmorales peleas de perros, pero descubrieron que carecía de aptitudes. Es una perrita dulce y nada dominante que merece pasar el resto de su vida con una familia de buen corazón. Su historia me recuerda al perro de Viridiana. Atado a los bajos de un carromato, caminaba penosamente, incapaz de seguir su ritmo. Jorge (Paco Rabal) siente lástima y compra el perro, salvándole de su ardua rutina. Poco después, aparece otro carromato, con un perro en la misma situación. La moraleja de Buñuel es que no sirven de nada los gestos aislados. Para acabar con las injusticias, son necesarios cambios estructurales. Puede ser, pero el perro rescatado se libró de un triste destino. Cada vida cuenta. Según la Cábala, cualquier gesto de bondad introduce un bien objetivo en el mundo, que repercute positivamente en la totalidad. Casi todos saben que “Hope” significa esperanza. Para muchos sería esperanzador que esta historia tuviera un final feliz.

hope 11

Por si alguien se anima, dejo una dirección de correo electrónico para establecer contacto con sus actuales cuidadores: animalames@hotmail.com

RAFAEL NARBONA

Publicado en El Imparcial (10-10-15). Si quieres leer el enlace original, pincha aquí.

Esta entrada fue publicada en Derechos de los animales. Guarda el enlace permanente.