DOCTOR EN ALASKA

DOCTOR 1

La convivencia en una pequeña comunidad suele ser un infierno. La envidia, los celos, las murmuraciones y los odios cainitas proliferan en los lugares cuyo tamaño no permite el anonimato. Sin embargo, no es posible concebir una utopía a gran escala. Un barrio, una isla o un pueblo pueden ser lugares utópicos, pero no un Estado o una ciudad gigantesca, con millones de habitantes. ¿Significa eso que las utopías no existen? Cicely es un pueblo de Alaska, con algo más de mil habitantes. Si lo buscas en el mapa, no lo hallarás, pero sabemos con certeza que está a unas 50 millas del círculo polar ártico. Es la última frontera, el punto de encuentro entre la civilización y la naturaleza, un espacio salvaje, pero con una pequeña representación de la especie humana. Cicely es el escenario de la reconciliación entre las culturas indígenas, con su saber ancestral y telúrico, y la sociedad industrial implantada por la colonización europea. No es algo real, pues el exterminio de los pueblos nativos aún clama justicia y nunca conoció una reparación, pero encarna la posibilidad de un mundo diferente. Cicely es la rama dorada que el hombre blanco aún intenta descifrar, preguntándose si los chamanes realmente se comunicaban con el más allá o sólo eran farsantes que intentaban aplacar la soledad cósmica del único ser abrumado por la conciencia de finitud.

ALCE

Doctor en Alaska (Northern Exposure) se emitió entre 1990 y 1995. Consta de 110 capítulos distribuidos en seis temporadas. Narra las peripecias de Joel Fleischman (Rob Morrow), un joven médico judío que ha crecido en Nueva York y ha realizado sus estudios en la prestigiosa Universidad Columbia. Ambicioso, neurótico, inteligente, republicano, aficionado al golf y el baloncesto, se costeó la carrera con una beca que le obligaba a prestar sus primeros cuatro años de ejercicio profesional en el Hospital General de Anchorage. Sin embargo, sus servicios no son necesarios en Anchorage y le envían a Cicely, la Costa Azul de Alaska, donde no hay médico local. Cuando Joel llega a su inesperado destino, descubre que Cicely es un pequeño pueblo, cuya oferta comercial y cultural se reduce a un pequeño comercio, un bar y una rudimentaria sala de cine. Aunque está rodeado de naturaleza virgen, solo es una calle por la que se pasean perros nórdicos, leñadores barbudos y nativos de rostro impasible. De vez en cuando, aparece un camión de gran tonelaje, con una carga de troncos recién talados y, raramente, un circo ambulante o un vendedor con una pequeña boutique sobre ruedas. Por las noches, los alces y los osos realizan pequeñas incursiones, buscando comida en los cubos de basura. Fleischman experimenta una desolación sin límites. Odia la vida tranquila y monótona. Echa de menos los cines, los teatros, los restaurantes y los lujosos comercios de Nueva York. Añora jugar al golf y siente que está malogrando unos años esenciales para escalar posiciones en el campo de la medicina privada. Su desesperación es la clave de infinidad de situaciones cómicas y uno de los ejes narrativos de la serie. Aunque nunca llegue a manifestarlo, Joel descubre en Cicely el sentido de comunidad y las emociones sencillas, elementales, que brotan de los vínculos afectivos profundos y sinceros. Cuando le adopta una tribu porque ha curado el reuma de una anciana, su temor a sufrir bárbaros ritos iniciáticos se convierte en sencillo regocijo, pues la ceremonia consiste en una humilde fiesta con intercambio de abrazos y regalos. Su ayudante y recepcionista, Marilyn Whirlwind (Elaine Miles), una nativa silenciosa y con una dignidad espontánea, natural, desordenará sus esquemas racionales. Marilyn capta la presencia de espíritus y fantasmas y sus remedios tradicionales a veces son más eficaces que el arsenal terapéutico de la medicina convencional. Equilibrada, tranquila y suavemente irónica, Marilyn no ignora que Joel es el típico neurótico engendrado por las grandes urbes. Por eso, cuando se ofrece para enseñarle a conducir, contesta: “No, gracias. Usted me pone nerviosa”. Fleischman nunca repudia el rigor de la ciencia, pero siente que sus vacilaciones se tambalean al contemplar a Marilyn bailando con unos cascabeles en los tobillos. Su cara refleja la fascinación del que ha atisbado por primera vez la visión de un nuevo mundo, donde la razón se muestra débil e impotente.

JOEL

Joel Fleischman (Rob Morrow)

MARILYN

Marilyn Whirlwind (Elaine Miles)

Joel es una especie de Robinson Crusoe. Su soledad no se hace insoportable hasta que descubre el suicidio de un joven geólogo. Sucedió en su cabaña cuarenta años atrás. Al igual que Fleischman, siempre pensó que se hallaba en un lugar de paso, pero al cabo del tiempo su incapacidad de echar raíces en Cicely puso de manifiesto que su existencia solitaria era el síntoma de su fracaso vital. Joel no quiere seguir sus pasos y organiza una fiesta en su cabaña. Es un rito semejante al de participar en el alarde de los hombres, que corren desnudos por las calles de Cicely en pleno invierno. Maggie O’Connell (Janine Turner) mantiene una relación ambivalente con Fleischman. Aparentemente, se detestan y no pierden la oportunidad de intercambiar puyazos. Maggie nació en el seno de una próspera familia de Grosse Pointe, Michigan, pero nunca le sedujo convertirse en una dama de la alta sociedad, sin otro horizonte que las fiestas elegantes, el consumo desenfrenado en tiendas exclusivas y un matrimonio con un hombre de su posición. Por eso se mudó a Alaska para trabajar como piloto comercial, huyendo de un porvenir que le resultaba inaguantable. Se le da bien cualquier actividad manual: mecánica, fontanería, carpintería. Es la casera de Joel y no tiene suerte con sus parejas. Todos sus novios han muerto de un modo estrafalario y prematuro. Feminista, independiente, atractiva, impulsiva y algo histérica, sucumbirá a los atractivos de Mike Monroe (Anthony Edwards), un abogado que vive en una casa con forma de burbuja. No es un capricho arquitectónico, sino la forma escogida para aislarse de la contaminación exterior. Mike es un hipocondríaco que se atribuye una inverosímil hipersensibilidad, gracias a la cual puede detectar cualquier desastre ecológico, aunque se produzca a miles de kilómetros de distancia. El idilio durará poco, pues Mike abandona su burbuja y se lanza al mundo para denunciar y combatir las agresiones medioambientales. No es el único hipocondríaco de la serie, pues Eva (Valerie Mahaffey), la mujer de Adam (Adam Arkin), supera cualquier caso conocido. Según Fleischman, es “el Mozart de la hipocondría”. Adam también es un personaje superlativo. Su aspecto desaliñado –melena enmarañada bajo un gorro de lana, pies enormes y ennegrecidos, pues nunca usa calzado- convive con un asombroso talento para la cocina y una mitomanía que se desmorona puntualmente, cuando algunas de sus supuestas mentiras son corroboradas por los hechos.

MAGGIE

Maggie O’Connell (Janine Turner)

Maurice Minnifield (Barry Corbin) es el hombre más rico del pueblo. Excombatiente de la guerra de Corea y antiguo astronauta, posee miles de hectáreas, una emisora de radio y un periódico local. A pesar de que es un conservador a machamartillo, venderá una vieja mansión a Ron y Erick, una pareja de homosexuales. Sus principios no soportarán una generosa oferta económica. Su machismo no le impide disfrutar de Barbara Streisand y las comedias musicales, pero intentará desprenderse de su colección al descubrir que sus gustos coinciden con los de la cultura gay. Minnifield representa el espíritu de la Conquista del Oeste. Es el colonizador que destruye las viejas civilizaciones, aprovechándose de su superioridad tecnológica. Anticomunista, belicista, racista e incurablemente hortera, se pasea con su Cadillac, fantaseando con transformar Cicely en un gran emporio comercial, sin inmutarse ante la perspectiva de alterar el paisaje o destruir los vestigios de la cultura indígena. Se enamora de Barbara Semansky (Diane Delano), sargento de policía, pero la relación se malogra cuando ésta descubre que comete pequeños fraudes fiscales. Semansky resulta antipática en cualquier momento, pero Minnifield acaba pareciendo un pobre diablo, con tendencia a la soledad y la megalomanía. Aunque tiene un hijo coreano, concebido durante su participación en la guerra de Corea, no logra crear una familia. Su jactancia y fatuidad apenas logran disimular su angustia ante la expectativa de no dejar un heredero.

MAURICE

Maurice Minnifield (Barry Corbin), a la derecha.

Holly Vincoeur (John Cullum) y Shelley Tambo (Cynthia Geary) componen una simpática y atípica pareja. Holly es un viejo trampero que dejó la caza tras sobrevivir al ataque de Jesse, un gigantesco oso. Ese incidente le hizo cambiar y reemplazar la escopeta por una cámara de fotos. Su amor a la naturaleza le impidió separarse por completo del contacto con ríos y montañas, pero abrió “Roslyn”, un restaurante que no tardó en ser el centro de la vida social de Cicely. Apacible, atento, sencillo, cercano, le quitó la novia a Maurice, su mejor amigo. Minnifield apareció en el bar con Shelley, una joven que había ganado el concurso de Miss Paso del Noroeste. Solo era una adolescente ingenua, explosiva y atolondrada, que había dedicado sus escasos 18 años a los certámenes de belleza y a ejercer de cheerleader de un equipo de hockey sobre hielo. Aficionada a los hombres maduritos, se convierte en la pareja de Holly, con edad de ser su abuelo. En su relación, el sexo desempeña un papel fundamental. Holly llega a confesar que no quiere a Shelley por su inteligencia, sino por su cuerpo y ella, lejos de molestarse, le abraza encantada. Me pregunto si en este tiempo de puritanismo y mojigatería, alguien se atrevería a incluir en un guión un romance de esta naturaleza. La tienda de Ruthan (Anne Miller) es el segundo lugar de encuentro de Cicely, pues la sala de cine casi siempre está semivacía, tal vez por su afición a proyectar películas de arte y ensayo. Ruthan tiene 75 años, pero desborda vitalidad, tolerancia y buen humor. Se avergüenza de que uno de sus hijos haya llegado  a ser directivo de banca, a pesar de que en su juventud era un chico tan sensible y creativo como Ed Chigliak (Darren E. Buroughs). Ed trabaja para Ruthan, pero su vocación es el cine. Sueña con ser director y guionista. Se cartea con Woody Allen, Spielberg, Coppola y Scorsese, que le orientan, le aconsejan y le infunden ánimos. Ed es dulce, inteligente y sensible. No sabe quiénes son sus padres, pues le abandonaron cerca de un río y su tribu asumió su cuidado. “El que espera”, espíritu de un jefe indio, le ayudará a localizar a su padre, un nativo que vivió un breve noviazgo con una mujer blanca. Ed realiza un cortometraje y varios guiones. Su corto recrea la rutina de Cicely. Es una pieza breve en blanco y negro, con Glenn Gould interpretando las Variaciones Goldberg como banda sonora. Poético, minimalista, emotivo, es su obra maestra. Su indiscutible mérito es haber transmutado en arte lo más cercano, pequeño y humilde.

Ed Chigliak (Darren E. Burroughs)

Chris Stevens (John Corbett) es la voz de Cicely. Durante su adolescencia, cometió pequeños delitos y pasó un tiempo en prisión. Ahora es locutor de la K-OSO, la radio local. La emisora pertenece a Maurice y eso le causa algún problema. Cuando se le ocurre mencionar que Walt Whitman albergaba inclinaciones homosexuales, Minnifield le expulsa del estudio a puñetazos, pero más tarde se reconcilian y todo vuelve a la normalidad. Chris se define a sí mismo como una esponja, que no se cansa de absorber conocimiento. Sus comentarios entre canción y canción siempre incluyen meditaciones filosóficas, apuntes líricos o citas literarias. Nunca utiliza guión, pues prefiere trabajar sin red. Es un genio de la improvisación, que seduce y obliga a pensar. No le interesan los bienes materiales. Sus posesiones se limitan a una pequeña colección de libros y discos, una caravana, que le sirve de hogar, y una moto custom, con infinidad de faros y espejos. Es muy atractivo y las mujeres le adoran, pero no se le pasa por la cabeza formar una familia, pues su padre era negligente, borracho y pendenciero. Su vida bohemia sufrirá una conmoción cuando aparece en Cicely un afroamericano en una moto de gran cilindrada. El motero se llama Bernard (Richard Cummings Jr.). Trabaja en un banco, pero ha sentido el impulso incontrolable de dejarlo todo, comprarse una moto y lanzarse hacia el norte. Bernard y Chris se hacen amigos y poco a poco advierten que está misteriosamente sincronizados. Después de charlar sobre su infancia y experimentar las mismas fantasías oníricas, intercambian fotos y descubren que son hijos del mismo padre. La diferencia de color se explica porque sus madres eran de diferente raza. El padre de Chris llevaba una doble vida. Con una de sus familias era un desastre, pero con la otra se comportaba como un esposo atento y un padre responsable. A partir de entonces, Bernard será una presencia intermitente, que pasa pequeñas temporadas en Cicely y viaja a África para reelaborar su identidad.

CRIS 1

Chris Stevens (John Corbett)

Carl Jung aparece en varios capítulos. No es una mala elección, pues Cicely ya es un arquetipo del inconsciente colectivo, al menos en el caso de los aficionados a las buenas teleseries. Cicely no es tan sólo un pueblo apacible, sino un buen lugar para morir. Si hubiera que escoger una escena para representar el espíritu de la serie, yo elegiría el baile de Ruthan y Ed sobre un promontorio con vistas al río. Preocupado por la avanzada edad de Ruthan, Ed le ha comprado una pequeña parcela de tierra. Apenas unos metros que le servirán de tumba en mitad de un paisaje idílico. Lejos de molestarse, Ruthan agradece el gesto y admite que siempre había soñado con la idea de bailar sobre su propia sepultura. Ruthan y Ed no lo piensan dos veces y empiezan a bailar, mientras la cámara retrocede para mostrar un plano general desde un ángulo picado. En Cicely, la muerte no es un tabú. Sus fundadoras, dos valientes mujeres que se amaban profundamente, consiguieron que un pueblo de rudos mineros se convirtiera en el París del Norte, con un teatro y visitantes tan ilustres como Kafka. Cuando muere Cicely, una joven angelical y de extraordinaria sensibilidad, que será asesinada de un tiro por la espalda, la heroica Roslyn se marcha a España para combatir contra los militares sublevados como voluntaria de las Brigada Abraham Lincoln. Sus huesos no descansarán en la tierra salvaje de Alaska, sino en las entrañas de un país que encendió la llama de otra utopía, cuando se convirtió en el rompeolas del fascismo. Roslyn será una de las 9.000 bajas de las Brigadas Internacionales. Saber que pisamos la tierra que acogió sus restos, tal vez mezclados con los de otras víctimas del franquismo, nos hace soñar y pensar que las utopías son espacios ubicuos y atemporales. El espíritu de Cicely habita entre nosotros y se manifiesta cada vez que un hombre o una mujer luchan por humanizar la convivencia y desterrar el odio, la malicia y la envidia.

DOCTOR 2

RAFAEL NARBONA

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